El Vacío que Todo lo Contiene
En el latido silencioso del universo, donde el tiempo se suspende y el espacio se diluye, nace Éter. Un susurro de lo eterno, un umbral donde lo denso se torna sutil y lo invisible se hace presencia.
Aquí, en este campo de energía compartida, cada alma viaja sola. No hay otro camino que el propio, no hay guía fuera de uno mismo. Solo el vacío, la entrega, la caída libre en lo desconocido. No hay creencias a las que aferrarse, no hay expectativas que sostener. Se llega desnudo, sin peso, sin resistencia, permitiendo que el cuerpo y el espíritu sean reconfigurados por la inteligencia infinita del universo.

Desde la raíz de la Tierra ascendemos al Cielo, respiramos la conciencia, la encarnamos, no con esfuerzo, sino con abandono. Lo biológico y lo sutil encuentran su punto de equilibrio, las estructuras internas se ordenan sin imposición, la energía se mueve con su propia sabiduría.
Aquí, en Éter, todo sucede sin que tengas que hacer nada. Solo rendirte, solo permitir, solo ser. Porque en el vacío está la semilla de toda creación, y en el abandono reside la verdadera transformación.